La Misa en honor de la Santísima Virgen María en la advocación de Nuestra Señora del Valle tiene sus raíces en la celebración de la Inmaculada Concepción. De este modo, SS León XIII concedió el 23 de agosto de 1890, por medio de la Sagrada Congregación de Ritos, que el 16 de diciembre se celebrase la fiesta de la Virgen del Valle como Dúplex II classis, aprobando el Oficio propio con sus Himnos y Misa propia de la Coronación de Nuestra Señora del Valle.
En enero de 1891, la misma Sagrada Congregación concede a todos los sacerdotes que lleguen como peregrinos o promesantes al Santuario el privilegio de poder celebrar por "una sola vez al año", la Misa propia de Nuestra Señora del Valle como votiva. El día 17 se concede el traslado del Oficio y Misa al II Domingo después de Pascua con ocasión de la Coronación Pontificia de la Sagrada Imagen el 12 de abril del mismo año.
Con la reforma litúrgica de 1918 se traslada la fiesta como Dúplex I classis cum octava communi y así permanece hasta el 14 de febrero de 1969 con la aprobación de las "Normas Generales del Año Litúrgico y del Nuevo Calendario Universal".
En proximidad a las fiestas por el Centenario de la Coronación Pontificia de la Imagen de la Virgen del Valle, el 02 de febrero de 1991 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos aprueba los textos de la Misa en honor de la Bienaventurada Virgen María bajo el título de Nuestra Señora del Valle en lengua española de acuerdo a la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II.
De esta manera se llega a la nueva edición del Misal de Nuestra Señora del Valle que se publica en el Año Jubilar Mariano y a pocos días del inicio del IV Congreso Mariano Nacional. Se conservan los textos litúrgicos de la edición precedente, pero, de acuerdo con las últimas publicaciones en Argentina de los Leccionarios y del Misal Romano, en la presente edición se utiliza como segunda persona del plural el “ustedes”.
II. Mensaje Litúrgico
Los creyentes estamos invitados a alabar al Señor porque Él nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en los cielos (2°Lectura).
Alabamos al Padre porque ha bendecido a la Virgen María, el honor de nuestra raza (Antífona de entrada), más que a ninguna otra persona creada eligiéndola antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, por el amor (cfr. 2° Lectura).
En este Valle se ha invocado a María como la Pura y Limpia Concepción, lo cual nos recuerda que sólo el Señor es Santo y que nos llama a todos a vivir santamente. Dios, que hace nuevas todas las cosas (1° Lectura), nos renueva con su gracia para que, liberados del pecado (Prefacio) y fieles a la Alianza, seamos su pueblo y Él habite con nosotros (1°Lectura).
El Señor preservó a María del pecado original e hizo de ella la “Llena de gracia” para que fuera la Madre de Dios y Madre de todos los creyentes (Evangelio). Inmaculada Concepción y Maternidad Divina, misterios inseparables en María que sabiamente fueron sintetizados en esta región llamándola Mama Quilla (Madre Hermosa). María, Madre y bella por la Gracia Dios.
Reconocemos en la humilde Imagen de la Virgen del Valle una señal del amor de Dios (Prefacio), un trato especial del Señor con su pueblo (cfr. Antífona de comunión), una gracia para el Noroeste Argentino y para toda la Patria.
En su Santuario, lugar de oración donde se glorifica e invoca el nombre del Señor (cfr. Salmo), María del Valle con sus manos entreabiertas no deja de acoger a cuantos acuden a Ella (cfr. Prefacio) y de interceder para que sus hijos se mantengan firmes en las exigencias de la fe, alcancen la verdadera libertad de hijos (cfr. Oración colecta), tengan prosperidad y paz en esta vida y en la futura (cfr. Oración sobre las ofrendas), sirvan con más fidelidad al Misterio de la Redención y sean liberados de los males presentes y futuros (cfr. Oración poscomunión).
Los devotos y peregrinos que recurren a Mama Achachita (Madre querida) con afecto y confianza en su maternal intercesión ponen de manifiesto que ella es Madre del Pueblo. Es más, ella es Forjadora de los Pueblos porque ha conducido desde hace más de 400 años a diaguitas, calchaquíes, inmigrantes y criollos a la vida de comunión con Jesucristo (cfr. Prefacio), de tal manera, que todos integremos la gran familia de los hijos de Dios.
En enero de 1891, la misma Sagrada Congregación concede a todos los sacerdotes que lleguen como peregrinos o promesantes al Santuario el privilegio de poder celebrar por "una sola vez al año", la Misa propia de Nuestra Señora del Valle como votiva. El día 17 se concede el traslado del Oficio y Misa al II Domingo después de Pascua con ocasión de la Coronación Pontificia de la Sagrada Imagen el 12 de abril del mismo año.
Con la reforma litúrgica de 1918 se traslada la fiesta como Dúplex I classis cum octava communi y así permanece hasta el 14 de febrero de 1969 con la aprobación de las "Normas Generales del Año Litúrgico y del Nuevo Calendario Universal".
En proximidad a las fiestas por el Centenario de la Coronación Pontificia de la Imagen de la Virgen del Valle, el 02 de febrero de 1991 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos aprueba los textos de la Misa en honor de la Bienaventurada Virgen María bajo el título de Nuestra Señora del Valle en lengua española de acuerdo a la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II.
De esta manera se llega a la nueva edición del Misal de Nuestra Señora del Valle que se publica en el Año Jubilar Mariano y a pocos días del inicio del IV Congreso Mariano Nacional. Se conservan los textos litúrgicos de la edición precedente, pero, de acuerdo con las últimas publicaciones en Argentina de los Leccionarios y del Misal Romano, en la presente edición se utiliza como segunda persona del plural el “ustedes”.
II. Mensaje Litúrgico
Los creyentes estamos invitados a alabar al Señor porque Él nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en los cielos (2°Lectura).
Alabamos al Padre porque ha bendecido a la Virgen María, el honor de nuestra raza (Antífona de entrada), más que a ninguna otra persona creada eligiéndola antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, por el amor (cfr. 2° Lectura).
En este Valle se ha invocado a María como la Pura y Limpia Concepción, lo cual nos recuerda que sólo el Señor es Santo y que nos llama a todos a vivir santamente. Dios, que hace nuevas todas las cosas (1° Lectura), nos renueva con su gracia para que, liberados del pecado (Prefacio) y fieles a la Alianza, seamos su pueblo y Él habite con nosotros (1°Lectura).
El Señor preservó a María del pecado original e hizo de ella la “Llena de gracia” para que fuera la Madre de Dios y Madre de todos los creyentes (Evangelio). Inmaculada Concepción y Maternidad Divina, misterios inseparables en María que sabiamente fueron sintetizados en esta región llamándola Mama Quilla (Madre Hermosa). María, Madre y bella por la Gracia Dios.
Reconocemos en la humilde Imagen de la Virgen del Valle una señal del amor de Dios (Prefacio), un trato especial del Señor con su pueblo (cfr. Antífona de comunión), una gracia para el Noroeste Argentino y para toda la Patria.
En su Santuario, lugar de oración donde se glorifica e invoca el nombre del Señor (cfr. Salmo), María del Valle con sus manos entreabiertas no deja de acoger a cuantos acuden a Ella (cfr. Prefacio) y de interceder para que sus hijos se mantengan firmes en las exigencias de la fe, alcancen la verdadera libertad de hijos (cfr. Oración colecta), tengan prosperidad y paz en esta vida y en la futura (cfr. Oración sobre las ofrendas), sirvan con más fidelidad al Misterio de la Redención y sean liberados de los males presentes y futuros (cfr. Oración poscomunión).
Los devotos y peregrinos que recurren a Mama Achachita (Madre querida) con afecto y confianza en su maternal intercesión ponen de manifiesto que ella es Madre del Pueblo. Es más, ella es Forjadora de los Pueblos porque ha conducido desde hace más de 400 años a diaguitas, calchaquíes, inmigrantes y criollos a la vida de comunión con Jesucristo (cfr. Prefacio), de tal manera, que todos integremos la gran familia de los hijos de Dios.

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